
It is difficult to bear a physical and emotional burden without having a support network. Mine remained in my country, and now here in Argentina I have not been able to form one, although I have tried in some way. Maybe the idiosyncrasy doesn't help me, or I'm just looking in the wrong place.
But for those days when I feel I can't go any more, being able to go somewhere and enjoy a coffee, makes the mood calm down a lot.

Just the week that just ended was full of ups and downs of all kinds: work, physical and emotional, all added to the start of school activities that already upset my routine. All this ended up making me a kind of mini mental collapse that only I realized, and I had to take charge.

So yesterday, after home obligations, I decided to take a flash walk to the city, when it was already 6 pm and I knew it would get dark soon. My little companion was surprised, as he knows I don't like to walk the streets at night, but at the word “out”, he quickly arranged for us to go “that way”.
We ended up going to a McDonald's, one that is almost always half full, and where you can think and listen to yourself, while the kids are at the park.

Between an ice cream cone for him and a cappuccino coffee for me, I spent two hours doing nothing for the others, but internally putting the mess back together a bit.
It gave me both laughter and tenderness when the guy at the bar asked me if I wanted sugar and sweetener, and I told him that I didn't want either. His strange face reminded me of when I was that age and didn't give importance to those kind of details that take care of your health. It made me laugh even more to think that this boy could be my son, because I heard my mother and grandmother say those things, and now I am in that range too.
My little boy finished his ice cream quickly and asked permission to go to the park, and how could I say no, if this outing was also a time for him. So everyone was enjoying and draining the emotions of the week in their own way.

Then it got dark, and it was time to return home, but with more calm and recharged energy. The magic of a good coffee and the extra time that from time to time are necessary.

Es complicado sobrellevar toda una carga física y emocional sin tener una red de contención. La mía quedó en mi país, y ahora acá en Argentina no he logrado formar alguna, aunque si he tratado de algún modo. Quizás la idiosincrasia no me ayuda, o simplemente estoy buscando en el lado equivocado.
Pero para esos días en los que siento que no puedo más, poder ir a algún lugar y disfrutar de un café, hace que los ánimos se calmen bastante.

Justo la semana que recién finalizó fue de muchos altibajos de todo tipo: laborales, físicos y emocionales, todo sumado al inicio de las actividades escolares que ya me trastoca mi rutina. Todo ello terminó por hacerme una especie de mini colapso mental del que solo yo me di cuenta, y tuve que hacerme cargo.

Así que ayer, luego de las obligaciones de casa, decidí hacer un paseo flash a la ciudad, cuando ya eran las 6 de la tarde y sabía que oscurecería pronto. Mi pequeño acompañante se extrañó, pues sabe que no me gusta andar de noche en la calle, pero ante la palabra salida, se arregló rápido para que fuéramos "por ahí".
Terminamos yendo a un Mc Donalds, uno que casi siempre está a medio llenar, y donde se puede pensar y escucharse a si mismo, mientras los niños están en el parque.

Entre un cono de helado para él y un café capuchino para mi, estuve dos horas haciendo nada para los demás, pero internamente recomponiendo un poco el desorden.
Me dio entre risa y ternura cuando el chico de la barra me pregunta si quería azúcar y edulcorante, y yo le dije que ninguno de los dos. Su cara de extrañeza me hizo recordar cuando tenía esa edad y no le daba importancia a ese tipo de detalles que te cuidan la salud. Más risa me dio aún el pensar que ese chico podría ser mi hijo, pues esas cosas se las escuchaba decir a mi madre y mi abuela, y ahora ya estoy yo también en ese rango.
Mi pequeño terminó su helado rápidamente y pidió permiso para irse al parque, y cómo decirle que no, si también esta salida era un tiempo para él. Así cada quien estaba disfrutando y drenando las emociones de la semana a su modo.

Ya luego se hizo noche, y tocó volver a casa, pero con más calma y las energías recargadas. La magia de un buen café y el tiempo extra que de vez en cuando son necesarios.
Foto/Photo by: @mamaemigrante
Edición/Edited by @mamaemigrante using canva
Translated and formatted with Deepl
Posted Using INLEO