Rosita me encantó leer tu post, porque me sentí súper identificado. Yo también he sido amante de la playa desde joven y hasta el sol de hoy sigo siendo fiel a ese amor salado y soleado. Recuerdo que cuando mis hijos estaban pequeños, íbamos a la playa sin pensarlo dos veces. Aunque implicaba una mudanza completa toallas, juguetes, comida, sombrillas, nunca me importó. Siempre he sido de las que se tiran en la arena sin miedo, pelo lleno de sal y arena y feliz de la vida.
Eso sí, me enfoqué en que aprendieran a nadar desde temprano, para poder estar más tranquila y disfrutar con ellos sin tanta preocupación. Hoy en día, mis hijos y yo seguimos adorando la playa, es parte de nosotros.
Y me alegra muchísimo saber que tú estás volviendo a disfrutarla más. Viviendo en Margarita, rodeada de tantas playas hermosas, sería una maldad no aprovecharlas. Aunque a veces el estrés de las olas y la logística nos agobie un poco, nada se compara con esa paz que da el mar. Qué bonito que estés reconectando con ese amor playero que siempre ha estado en ti. Gracias por compartir tu post. Saludos y Bendiciones.