
El otro día un vecino me comentaba que estaba esperando una idea, una inspiración, algo que lo motivara a arrancar su negocio, obviamente, me quedé escuchándolo con paciencia, pero por dentro pensaba: Hermano, si sigues esperando a sentirte motivado para actuar te vas a quedar esperando toda la vida.
Te voy a hablar con toda la sinceridad que el caso lo amerita, la motivación es bonita, sí, se siente super bien cuando llega. Todos hemos tenido esos picos de dopamina, de emoción repentina, esas ganas locas de comerse el mundo y de empezar ese proyecto que tanto hemos pospuesto, pero…¿sabes qué?, esas ganas no duran.
Se van tan rápido como llegaron, basta con que tengas un mal día, que alguien te critique, que no duermas bien o que simplemente te levantes de mal humor… y ya, hasta allí llegó la motivación.
Y aquí es donde entra lo verdaderamente importante, la disciplina. Porque lo que de verdad sostiene a un emprendedor no es lo que siente, sino lo que hace todos los días, con ganas o sin ellas.
La disciplina es la que te hace sentarte frente al computador cuando preferirías estar viendo Netflix. Es la que te impulsa a seguir llamando a los clientes aunque ya te hayan dicho que no cinco veces. Es la que te obliga a cumplirte aunque nadie crea en ti.
Y, ¡OJO!, no estoy diciendo que la motivación no sirva para nada, al contrario, la motivación puede ser el empujón que te saca de la inercia, pero no alcanza para sostener el ritmo a largo plazo. No puedes construir un negocio completo solamente con momentos de inspiración.
Es como querer correr un maratón de fondo contando solamente con el impulso de los primeros cien metros, te vas a quedar sin aire enseguida.
La mayoría de la gente sobrevalora la motivación porque suena romántica y llena el corazón de sueños, pero eso es puro cuento, porque los grandes negocios no nacen de una epifanía.
La verdad es que los proyectos exitosos se levantan con constancia, con decisiones diarias, la mayoría de las veces aburridas, repetitivas e incómodas… pero absolutamente necesarias.
Cuando me preguntan cómo hago para seguir avanzando si no tengo ganas, mi respuesta, siempre, es muy simple: Yo no actúo por ganas, actúo por compromiso.
Avanzo porque tengo una meta y me prometí alcanzarla, no espero tener ganas para hacerlo, porque si lo hiciera, estaría posponiendo todo eternamente.
¿Sabes cuántas veces he tenido que trabajar sin ganas? Muchas.
¿Y cuántas veces lo he hecho? Casi todas.
¿Por qué? Porque si no me obligo a hacerlo, nadie va a hacerlo por mí.
Además la disciplina tiene algo que la motivación nunca va a darte, resultados, y los resultados son los que, con el tiempo, generan una verdadera motivación.
Para mi no hay mejor motivación que ver que mis decisiones y acciones diarias están dando frutos. Así que deja de esperar, no necesitas estar motivado para hacer lo que sabes que tienes que hacer, necesitas tener el objetivo claro y comprometerte.
Imagina que esto es como ir al gimnasio, la gente que está en forma no es la que tiene ganas de ir todos los días, pero es la que de cualquier manera va, aunque esté cansada, aunque esté de mal humor, aunque no tenga tiempo.
Emprender es igual, no se trata de hacerlo cuando te nace, sino de hacerlo porque es lo que decidiste hacer.
Y te diré una cosa más, cuando dejas de depender de la motivación y empiezas a confiar en tu disciplina, te vuelves imparable. Porque ya no necesitas sentirte listo, porque no hay nada que te detenga, ni las emociones, ni las excusas, ni el clima, ni la opinión de otros, solo te levantas, lo haces y ya.
Así que mi consejo es, ¡DEJA DE ESPERAR!...
Y empieza con lo que tienes, empieza donde estás y comprométete. Porque los sueños no se construyen solo con entusiasmo, los sueños se construyen con constancia, día a día, y sin importar si tienes ganas o no.
Y créeme, cuando mires atrás y veas todo lo que has logrado, no vas a estar agradecido por los días que estuviste motivado, sino que estarás orgulloso por los días en que no querías hacerlo…
Y aún así lo hiciste igual.

🇬🇧 English version

Image created with ChatGPT
The other day, a neighbor told me he was waiting for an idea, an inspiration, something to motivate him to start his business. Obviously, I listened patiently, but inside, I was thinking: Dude, if you keep waiting to feel motivated to act, you'll be waiting forever. I'm going to speak to you with all the sincerity that the case warrants. Motivation is beautiful, yes, it feels super good when it arrives. We've all had those spikes of dopamine, those sudden excitements, those crazy desires to take on the world and start that project we've been putting off for so long, but... you know what? Those desires don't last. They go away as quickly as they came. All you have to do is have a bad day, someone criticizes you, not sleep well, or simply wake up in a bad mood... and that's it, motivation ends there. And this is where the truly important thing comes in: discipline. Because what truly sustains an entrepreneur isn't what they feel, but what they do every day, whether they want to or not. Discipline is what makes you sit in front of the computer when you'd rather be watching Netflix. It's what drives you to keep calling clients even if they've already turned you down five times. It's what forces you to stick to your guns even if no one believes in you. And, BE CAREFUL! I'm not saying that motivation is useless. On the contrary, motivation can be the push that breaks through inertia, but it's not enough to sustain your long-term momentum. You can't build an entire business on moments of inspiration alone. Most people overestimate motivation because it sounds romantic and fills the heart with dreams, but that's pure fiction, because great businesses aren't born from an epiphany. The truth is that successful projects are built with perseverance, with daily decisions, most of the time boring, repetitive, and uncomfortable... but absolutely necessary. When people ask me how I keep moving forward if I don't feel like it, my answer is always very simple: I don't act out of desire, I act out of commitment. I move forward because I have a goal and I promised myself I'd achieve it. I don't wait for the desire to do it, because if I did, I'd be postponing everything forever. Do you know how many times I've had to work without desire? Many. And how many times have I done it? Almost every time. Why? Because if I don't force myself to do it, no one will do it for me. Besides, discipline has something that motivation will never give you: results, and results are what, over time, generate true motivation. For me, there's no better motivation than seeing that my daily decisions and actions are bearing fruit. So stop waiting; you don't need to be motivated to do what you know you have to do; you need to have a clear goal and commit. Imagine this is like going to the gym. People who are fit aren't the ones who feel like going every day, but the ones who go anyway, even if they're tired, even if they're in a bad mood, even if they don't have time. Starting a business is the same; it's not about doing it when you feel like it, but about doing it because it's what you decided to do. And I'll tell you one more thing: when you stop depending on motivation and start trusting your discipline, you become unstoppable. Because you no longer need to feel ready, because nothing stops you, not emotions, not excuses, not the weather, not other people's opinions. You just get up, do it, and that's it. So my advice is, STOP WAITING!... And start with what you have, start where you are, and commit. Because dreams aren't built on enthusiasm alone; dreams are built on perseverance, day by day, and regardless of whether you feel like it or not. And believe me, when you look back and see all you've accomplished, you won't be grateful for the days you were motivated, but you'll be proud of the days you didn't want to do it... And yet you did it anyway.
It's like trying to run a long-distance marathon relying only on the momentum of the first 100 meters; you'll run out of breath right away.

