
Amigos de esta comunidad, que es casi como una familia, seguramente coincidirán conmigo en que la llegada de esta época de fin de año nos pone un poco nostálgicos y afloran recuerdos de años pasados, o simplemente de todo lo acontecido durante el año que dejamos atrás. Por eso, y porque la memoria puede volverse frágil, es que hoy retorno con mi Bitácora de una Neuróloga. Hoy quiero invitarlos a un viaje al interior de nuestro cerebro para intentar descubrir, de manera muy sencilla, la asombrosa maquinaria que teje la magia de los recuerdos.
Primero, debemos desmitificar la falsa idea de que el cerebro es un armario donde guardamos recuerdos como fotos en un álbum. Al contrario, el cerebro se comporta como un director de orquesta o un artesano que reconstruye la experiencia cada vez que la evocamos.

Imaginemos a nuestro cerebro como un cielo nocturno, y a las neuronas como las estrellas. Su poder no reside en brillar aisladamente, sino en conectarse para formar las constelaciones que tanto adoramos buscar. Cuando vivimos una experiencia, como puede ser nuestro primer beso, se activa un patrón específico de neuronas, y ese patrón es único para ese momento.
Ya tenemos ese momento mágico guardado. Pero cuando aprendemos o vivimos algo importante, estas conexiones se fortalecen. Es como si, al caminar repetidamente por un mismo sendero, la hierba se apartara por sí sola. Pronto, el camino se divisará a simple vista y llegaremos a conocerlo como la palma de nuestra mano. Esto demuestra la explicación más sencilla de la memoria: los recuerdos que se activan juntos, se conectan. ¿Me siguen hasta aquí?
El recuerdo de ese primer beso, que les mencionaba, queda codificado como una constelación grabada en nuestro cielo interno, nuestro cerebro.

Hay veces que la memoria es efímera, como cuando olvido los nombres de mis pacientes después de estar ocho horas en una consulta. Esto demuestra que es frágil y tiene una capacidad limitada; si la información no es relevante, se desvanece en segundos.
Ahora bien, si la experiencia es lo suficientemente intensa, emocionante o la repetimos, el cerebro la envía a una estructura llamada hipocampo. Este actúa organizando y procesando la información para almacenarla a largo plazo en la corteza cerebral. Eso sí, el recuerdo se fragmenta: los sonidos se guardan en un área, las imágenes en otra, las emociones en otra. Por eso, ese recuerdo del primer beso no está en un solo lugar, sino que es como una sinfonía en todo el cerebro.

Y ahora, el punto más fascinante de todos: recordar. Aclaro que recordar no es buscar en un archivo. Cuando recordamos, lo que hacemos es reconstruir, tomando el olor de un lugar, el sabor de otro, las emociones de otro. Así, el recuerdo se vuelve tan maleable que incluso lo reforzamos, le añadimos matices o simplemente omitimos detalles. No recordamos ese primer beso tal como fue, sino que hemos hecho una reinterpretación íntima del mismo.
Esta magia explica cuán frágil es la memoria y cómo hay enfermedades tan tristes como el Alzheimer, donde la memoria es derrotada: los recuerdos recientes no pueden formarse y los antiguos terminan borrándose.

Entonces, amigos míos que me leen atentos, si vuelven a besar y, claro, ya no será la primera vez, deténganse a pensar en los billones de conexiones que se están formando para que recuerden ese beso. Así seremos dueños de un paisaje vivo, de una linda experiencia. Esa sí que es una verdadera magia, la que tiene nuestro cerebro para incansablemente tejer y destejer lo que realmente somos.
¡Hasta la próxima bitácora!

✨¡𝑮𝒓𝒂𝒄𝒊𝒂𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒆𝒓! ✨
𝑺𝒊 𝒂ú𝒏 𝒏𝒐 𝒎𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒆𝒔: 𝒔𝒐𝒚 𝒏𝒆𝒖𝒓ó𝒍𝒐𝒈𝒂 𝒚 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒃𝒂𝒏𝒂, 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆, 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒚 𝒔𝒐ñ𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓ó 𝒆𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒖𝒏 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒔𝒑𝒂𝒄𝒊𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒂𝒓.
𝑬𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕𝒐 𝒚 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒎á𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒏 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒖𝒕𝒐𝒓í𝒂, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 (𝒔𝒊𝒏 𝑰𝑨).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒊𝒔𝒆ñ𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
¿𝑻𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕ó 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒑𝒖𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊ó𝒏? 𝑽𝒐𝒕𝒂, 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒐 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈𝒖𝒆𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓 𝒂 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒍𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒔 𝒂𝒍𝒂𝒔.💛

ENGLISH VERSION

Between the fragility and the beauty of memory ~ A Neurologist's Log

Friends of this community, which is almost like family, you will surely agree with me that the arrival of this end-of-year season makes us a bit nostalgic. Memories of past years surface, or simply memories of everything that happened during the year we are leaving behind. That is why, and because memory can become fragile, I am returning today with my "Neurologist's Log." Today I want to invite you on a journey into our brain, to try and discover, in a very simple way, the astonishing machinery that weaves the magic of memories.
First, we must debunk the false idea that the brain is a closet where we store memories like photos in an album. On the contrary, the brain behaves like an orchestra conductor or an artisan who reconstructs the experience every time we recall it.

Let's imagine our brain as a night sky, and neurons as the stars. But their power does not lie in shining in isolation, but in connecting to form the constellations we so love to find. So, when we live an experience, such as our first kiss, a specific pattern of neurons is activated, and that pattern is unique to that moment.
We now have that magical moment stored. But when we learn or experience something important, these connections strengthen. It's as if, by repeatedly walking the same path, the grass begins to part on its own. Soon, the path becomes visible to the naked eye, and we will come to know it like the back of our hand. This demonstrates the simplest explanation of memory: memories that fire together, wire together. Are you still with me?
The memory of that first kiss, which I mentioned, is encoded like a constellation engraved in our internal sky, our brain.

Sometimes memory is ephemeral, like when I forget my patients' names after an eight-hour consultation. This shows that it is fragile and has a limited capacity; if the information is not relevant, it fades away in seconds.
However, if the experience is intense enough, exciting enough, or repeated, the brain sends it to a structure called the hippocampus. This structure acts by organizing and processing the information to store it long-term in the cerebral cortex. And of course, the memory becomes fragmented: sounds are stored in one area, images in another, emotions in yet another. That is why the memory of that first kiss is not in one single place, but is like a symphony throughout the entire brain.

And now, the most fascinating point of all: remembering. Let me clarify that remembering is not like searching through a file. When we remember, what we do is reconstruct, taking a scent from one place, a flavor from another, emotions from another. Thus, the memory becomes so malleable that we even reinforce it, add nuances to it, or simply omit details. We do not remember that first kiss exactly as it was, but rather we have created an intimate reinterpretation of it.
This magic explains how fragile memory is and how there are such sad diseases as Alzheimer's, where memory is defeated: recent memories cannot be formed, and old ones end up being erased.

So, my friends who read me so attentively, if you kiss again, and of course, it will no longer be the first time, pause to think about the billions of connections being formed so you can remember that kiss. This is how we become owners of a living landscape, a beautiful experience. That is the true magic: our brain's ability to tirelessly weave and unweave what we truly are.

✨𝑻𝒉𝒂𝒏𝒌𝒔 𝒇𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒂𝒅𝒊𝒏𝒈! ✨
𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒅𝒐𝒏’𝒕 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒎𝒆 𝒚𝒆𝒕. 𝑰’𝒎 𝒂 𝑪𝒖𝒃𝒂𝒏 𝒏𝒆𝒖𝒓𝒐𝒍𝒐𝒈𝒊𝒔𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒓𝒊𝒕𝒆𝒓, 𝒂 𝒎𝒐𝒕𝒉𝒆𝒓, 𝒂 𝒘𝒐𝒎𝒂𝒏, 𝒂𝒏𝒅 𝒂 𝒅𝒓𝒆𝒂𝒎𝒆𝒓 𝒘𝒉𝒐’𝒔 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒊𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒂 𝒃𝒆𝒂𝒖𝒕𝒊𝒇𝒖𝒍 𝒔𝒑𝒂𝒄𝒆 𝒕𝒐 𝒔𝒐𝒂𝒓.
𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒆𝒔 𝒂𝒓𝒆 𝒎𝒚 𝒐𝒓𝒊𝒈𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏-𝒎𝒂𝒅𝒆 (𝒏𝒐 𝑨𝑰).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒔𝒊𝒈𝒏𝒆𝒅 𝒃𝒚 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
𝑳𝒐𝒗𝒆𝒅 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒑𝒐𝒔𝒕? 𝑼𝒑𝒗𝒐𝒕𝒆, 𝒄𝒐𝒎𝒎𝒆𝒏𝒕, 𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈 𝒕𝒐 𝒔𝒑𝒓𝒆𝒂𝒅 𝒕𝒉𝒆 𝒘𝒊𝒏𝒈𝒔 𝒐𝒇 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒗𝒊𝒕𝒚! 💛