Hoy quiero acompañar a @iriswrite, en la conversación sobre "La Culpa" y lo abordaré, especialmente, en el papel que felizmente estoy cumpliendo, el papel de mamá que guía y educa, para formar seres humanos libres, humanitarios, coherentes y sobre todo felices.
@iriswrite nos cuenta una serie de experiencias donde experimentó y conoció de cerca la culpa. Leí a varios usuarios que escribieron al respecto, entre ellos mi madre @charjaim, y en todas las lecturas sentí que al hablar de la culpa, la culpable fue la sociedad. Iris, nos pregunta: ¿Por qué siempre tiene que haber un culpable?, y quizás pueda que, si cambiamos el sentido de la acusación, no lo llamemos culpable, sino, origen o causa.
Aprendí hace muchos, muchos años, que lo que me pasa solo tiene un responsable, y ese responsable soy yo. A partir de ahí puedo trabajar en comprenderme, analizar la situación y buscar la solución.
Quizás la razón, al culpar a otros, sea encontrar una justificación. ¿Por qué llora la niña? Porque Juan le pegó. Y ¿por qué le pegó? Porque ella lo mordió. Y ¿por qué lo mordió? Porque él le dijo fea. Y ¿por qué le dijo fea? Porque ella le negó el juguete. ¿Y por qué le negó el juguete? Porque su mamá le dijo que no le prestara nada a Juan, porque él no cuida. ¿Y por qué cree la mamá, que Juan no cuida? Porque dañó su carrito.
¿Hay un culpable, unos culpables, una culpable o una cadena de consecuencias?:
Todo depende del punto de vista en que se mire y las convicciones en cuanto a valores que tiene cada quien. Alguien podría decir que la niña fue mezquina, otro dirá que Juan fue violento, unos opinarán que la mamá no debió emitir juicios sobre Juan y transmitirle esas opiniones a la niña. Opiniones y perspectivas habrá muchas. Entonces volvemos a preguntarnos: ¿Hay un culpable? Se convierte en una cadena sin fin, porque si decidimos que la mamá es la culpable, entonces hay que revisar, de dónde vienen esos juicios que le hacen pensar así. Puede ser su crianza, el entorno o muchos otros factores los que influyan en la forma de actuar de la madre en cuestión.
Cuando veo películas sobre abogados, juicios y jueces, siempre me quedo con un sinsabor, pues a veces la justicia me parece injusta. Es un camino largo de pruebas y estrategias para conseguir que todos tengan derechos y que haya equidad, pero muchas veces, en esa búsqueda, se pierde el sentido del equilibrio y termina ganando la injusticia.
Como madre, siempre intento que mis hijos aprendan a ser equitativos y coherentes. Es decir, cuando hablo de coherencia, me refiero a ser lógicos con las decisiones que tomen. Intento enseñarles a ser imparciales y a colocar en balanza las cosas. Intento enseñarles que detrás de sucesos desagradables, siempre hay un aprendizaje y trato, también, de enseñarles a diferenciar entre las acciones con intención y las acciones sin intención. Ah y también quiero enseñarles a no dejarse llevar por la imaginación y acusar sin saber, basándose en lo que escuchen o en las creaciones de la mente.
Anécdota:
Hace unos meses, mis dos hijos pequeños (Vivi y Álvaro) estaban jugando a la pelota con uno de mis sobrinos en el porche de la casa. De repente patearon muy fuerte y la pelota salió hasta la calle. Mi sobrino corrió dentro para buscar unas llaves y aprovechó para avisarnos que la pelota se había salido. Mi hija y mi hijo quedaron asomados a las rejas vigilando la pelota. Los adultos salimos a buscar la pelota sin mucha información. Mi hija gritaba, "¡Se la llevó un niño!". Mi cuñada se fue calle arriba con mi sobrino que corría persiguiendo, no sé a quién, mientras mi hija continuaba diciendo: "¡Yo lo vi, y le pedí que no se llevara la pelota!", "Es el niño de la esquina". Mi esposo se fue hasta la casa del niño. Las puertas de la casa estaban cerradas. Y un hombre que estaba cerca nos decía, "Se la llevó un muchacho en bicicleta".
Yo le preguntaba a mi hija cosas sobre el niño. Es un niño que casi siempre pasea en un monopatín cerca de casa. Conocemos a sus padres y siempre nos saludamos con amabilidad. El niño me parece un buen chico, por eso me llamaba la atención que no escuchara a mi hija cuando le pidió que le devolviera la pelota. Mi hija insistía en su versión, una y otra vez, e iba agregando partes a la historia: "El niño iba en el monopatín" "El niño me miró y puso cara de malo" "El niño lleva una franela azul"
Resumen:
La pelota salió a la calle y rodó hasta la panadería, donde un muchacho con ropa azul la tomó y se fue en su bicicleta, mientras el señor que estaba cerca le preguntaba si era suya la pelota. El muchacho le dijo que no, pero como no había nadie se la llevaba. El señor escuchaba los gritos de mis hijos, por eso se acercó a la casa y comprobó que era de ellos la pelota. No consiguieron al muchacho, es decir, se llevó la pelota.
El niño de la esquina es inocente. No estaban ese día en su casa. Mi hija vio al muchacho de la bici igualito al niño. Llevaba una ropa azul como la que temprano tenía el niño.
Mi hija se dejó llevar por las emociones encontradas del susto, la frustración por la pérdida de la pelota y la confusión por la rapidez de los hechos.
¿Qué hice?:
Le hablé. Le hablé muchísimo, sobre las consecuencias que habrían podido ocurrir si su papá hubiera encontrado en casa, al niño y a sus padres. Habrían acusado al niño sin motivo y todos viviríamos un momento incómodo. Le expliqué la importancia de estar seguros a la hora de participar en situaciones que puedan comprometer a otros. De mantener la calma, de no hablar por hablar. De ser cuidadosos con lo que se dice.
Espero que ese incidente le haya servido a mi hija para reconocer la importancia de no acusar así sin más. Hago lo posible en la medida de mis experiencias y aprendizajes para poder guiar a mis hijos. Estoy 100% de acuerdo en investigar primero, revisar, corroborar y no señalar por señalar. Incluso si hay que señalar, hacerlo con cautela y como último recurso. Culpar, acusar, son acciones que pueden desencadenar muchas consecuencias desagradables, por eso, debemos tener cuidado en señalar sin saber. Lo mejor, a mi parecer, es comprender la causa del porqué de las acciones que se quieren enjuiciar.
No hay por qué buscar un culpable a todo. Buscar las soluciones resulta más provechoso.
Sentirse culpable es una sensación bastante desagradable que si sabemos gestionar podemos superar y avanzar. Comprender que es normal equivocarse y que lo importante es aprender de esa lección y no repetirlo.
Pero ser acusados injustamente ya son palabras mayores. Es por eso que como adultos, si enseñamos a nuestros niños a no juzgar y a no señalar, podemos aportar mucho a la humanidad.
Muchas gracias por visitarme, leer y comentar.