Hi, girls.
There's a Chinese proverb that says: You can't stop the bird of sadness from flying over your head, but you can stop it from nesting in your hair. And this is a reality we sometimes deny.

Accepting this is fundamental. Sad events happen daily, in the world and in our own lives. Disappointment, loss, and failure are inevitable. We can't prevent that; it's a fact of life. Sadness, like that bird, will appear.
It's natural. But we can't let ourselves be defeated by the bird of sadness; we have to overcome it. Allowing it to land is one thing; Letting it build a nest and stay forever is a choice that has consequences.

I've learned throughout my life that the most powerful tool is in our minds. When something sad happens, we have to think about good things, about something that gives us strength and cheers us up. Or, at least, about something that banishes that sadness from our heads.
It's not about pretending, but about actively seeking a counterbalance. A call to a friend, going for a walk, focusing on a project, remembering an achievement, playing the guitar... I don't know, something like that. Everyone has their own way.
There are always reasons to be happy. Let's look for them and hold on to them. It's not magic, it's an act of willpower.

With this proverb, Chinese philosophers viewed the mind as a garden that must be tended so that negative and fleeting emotions don't become permanent shadows in our psyche. That's the clearest image.
We are the gardeners of our thoughts. We can't control which seeds the wind carries, but we can decide which ones to water and which ones to uproot. We must keep our minds clear and free of gray clouds, of birds of sadness.

It's a daily, conscious effort. It's not easy, but it's necessary. Because if we don't take care of our own mental garden, no one else will do it for us.
Sadness may visit us, but we have the final say on whether it stays and nests in our hair, or continues to fly away.
Versión en español
Hola, chicas.
Existe un proverbio chino que dice: No puedes impedir que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes impedir que anide en tu cabellera. Y esta es una realidad que a veces nos negamos.

Aceptar esto es fundamental. Eventos tristes suceden a diario, en el mundo y en nuestro mundo. La decepción, la pérdida, el fracaso, son inevitables. Eso no podemos impedirlo, es ley de la vida. La tristeza, como ese pájaro, va a aparecer.
Es natural. Pero no podemos dejarnos derrotar por el ave de la tristeza, tenemos que sobreponernos. Permitir que se pose es una cosa; dejar que construya un nido y se quede para siempre, es una elección que tiene consecuencias.

Aprendí a lo largo de mi vida, que la herramienta más poderosa está en nuestra mente. Cuando sucede algo triste, tenemos que pensar en cosas buenas, en algo que nos de fortaleza y nos alegre. O, al menos, en algo que nos espante esa tristeza de nuestra cabeza.
No se trata de fingir, sino de buscar activamente un contrapeso. Una llamada a una amiga, salir a caminar, enfocarse en un proyecto, recordar un logro, tocar la guitarra..., no sé, algo así. Cada uno tiene sus vías.
Siempre hay motivos para estar felices. Busquémoslos y aferrémosno a ellos. No es un acto mágico, es un acto de fuerza de voluntad.

Los filósofos chinos con este proverbio veían a la mente como un jardín al que deben cuidar de que las emociones negativas y pasajeras, no se volvieran sombras permanente en nuestra siquis. Esa es la imagen más clara.
Nosotras somos las jardineras de nuestros pensamientos. No podemos controlar qué semillas llega el viento, pero sí podemos decidir cuáles regar y cuáles arrancar de raíz. Tenemos que mantener la mente clara y limpia de nubes grises, de aves de la tristeza.

Es un trabajo diario y consciente. No es fácil, pero es necesario. Porque si no nos hacemos cargo de nuestro propio jardín mental, nadie más lo hará por nosotras.
La tristeza puede visitarnos, pero nosotras tenemos la última palabra sobre si se queda a anidar en nuestra cabellera, o sigue volando.


