Cerrar el año no siempre es celebrar, a veces es respirar hondo y aceptar que no todo salió como esperabas.
Que hubo decisiones que dolieron, personas que se fueron, planes que no llegaron a cumplirse, y aún así seguiste, con miedo
con cansancio, con dudas, pero seguiste.
Cerrar el año también es reconocer cuánto creciste sin darte cuenta.
Todo lo que aprendiste a soltar, lo que dejaste de justificar, lo que ya no estás dispuesta a cargar.
No es poco, es evolución, es entender que sobrevivir también cuenta cuando el corazón estuvo cansado.
Que este cierre no sea un adiós triste, sino un gracias honesto.
Gracias por lo vivido, por lo aprendido, por lo que terminó y por lo que todavía duele un poco.
El año se va, pero tú sigues aquí, más consciente, más fuerte y un paso más cerca de la vida que quieres construir.

