Odio este odio que apunta en mi sien,
Grita.
Ahora temo
Y no es por mí.
Esta mi yo
Rosamary Argüelles García
Estoy acostumbrado a que la gente me mire con… sí, hasta con asco, ¿para qué engañarme? Este mensajero me miró así. Mi padre siempre fue aquella muralla que me protegía de las crudezas de este mundo en el que vivimos, y de gente como este... hombre que me ve de esta manera. Padre siempre estuvo a mi lado desde el primer momento que me colocaron en sus brazos y me trajo hasta esta zona intermedia. No sé por qué habrá hecho eso, ni de qué zona me trajo. Aunque una idea me hago, tampoco quiero saberlo. Solo sé que siempre me han denigrado por mestizo. Todos, excepto mi padre. Gracias a él aprendí este duro oficio que es ser comerciante y me construido un nombre entre tanta desidia. Mi padre… él fue mi escuela y mi hospital, mi almohada y mi colcha… mi madre y mi padre. ¿Dónde estará? ¿Qué habrá sido de él después de tantos ciclos lejos de casa? Y ¿qué rayos quiere el Alcalde conmigo, para llamarme a esta hora de la noche? Los negocios de él siempre fueron con mi padre. Nunca me enteré de qué hablaban una vez que Padre era convocado. Pero ahora que él no está, soy el único en esta ciudad, capacitado para trasladarme a las demás zonas. El único con el conocimiento, herramientas y oficio adecuado. Este es el contacto de que necesito para poder ampliar mi negocio. Vaya, quizás hasta le pueda pedir lo suficiente como para comprarme varias piedras flotantes, que ya a las viejas de mi carro, les he consumido prácticamente toda la magia y casi no flotan.
El viejo Alcalde, político al fin, casi logra esconder su desagrado al negociar conmigo. Solo lo ha logrado al hablar de mi padre, de lo mucho que lo admiraba, de lo honesto, fiel, inteligente y…, en fin, que era único. Sí, lo sé… pero luego de hablar tan bien de él, una mueca, como un tic inconsciente, le levantaba la comisura izquierda del labio y casi cierra el ojo del mismo lado de la cara. Da risa verlo tratar de componerse. Lo tolero todo porque es un buen negocio, mejor paga de la que esperaba y no es mucha la carga a transportar, por lo que tendré espacio para buscar mi mercancía. Solo que nunca le perdonaré al viejo verde este que hable tanto de mi padre y ni siquiera moviera un músculo para buscarlo cuando lo reporté desaparecido. No importa cuántas rocas me dé, ni qué tan nuevo y espacioso sea el nuevo carro para el viaje. No: mi padre es sagrado. Solo por eso, no me da pena haber estafado al Alcalde, así como hice. Se cree muy listo. El sobrenombre de Gran Sabio que le han dado, realmente le queda grande si un pobre mestizo como yo, puede engañarlo para que me de todo lo que pedí. Al final terminé pidiendo cosas que ni necesito.
El carro flota de maravillas. Los asientos son cómodos y los controles… ya los he dominado. Hay que poseer un conocimiento avanzado de comandos mágicos para entenderlos. Por suerte los he aprendido casi todos con mi padre. Ya puedo maniobrar como quiera a esta mole capaz de transportar varias carretas dentro. Con este equipo seré capaz de comprarme mi granja y mi flota de trasporte. Vaya, ¡hasta contratar empleados en varias zonas! Incluso, hasta poder comprar un título de Noble. Es lo que siempre he soñado. Todo, siempre y cuando logre llevarle el paquete al Alcalde, y que este bello carro mío aguante el paso a la otra zona. En esta en particular, el peso de las piedras será mayor y su flotabilidad menor. Hasta yo pasaré mucho trabajo cuando llegue a esta zona, menos mal que tengo el traje perfecto. Cortesía del Alcalde, por cierto. Prefiero por mucho a la otra, donde me siento más cómodo. Si me lo propusiera, creo que algún día pudiera volar como hacen esos choushins largos de allá. Si piensan que soy raro, ellos lo son más.
Por suerte, traigo varias piedras encantadas especialmente para este lugar al que voy ahora. Desde hace mucho tiempo he querido venir a esta zona. Hay un mercado con piedras, trajes y materiales que no existen ni en mi zona ni en la de los choushins. Materiales por los que son capaces de pagar muy buen precio allá en mi ciudad.
Logro montar la caja dentro del compartimiento de carga del carro. Con lo que le quité el Alcalde, he podido comprar un pequeño tesoro con el que conseguiré todo aquello que siempre soñé: respeto, tierras, títulos… Tanto he comprado que tengo que soltar un poco de dinero para contratar a varios floresiens para poder levantar las cajas del suelo. Es increíble lo mucho que puede pesar hasta una hoja de árbol en esta zona. Lo más extraño de todo este encargo no fue el hecho que viniera hasta aquí, ni el peso desmesurado de la caja del Alcalde, sino que, junto con ella, venga una carta para mí.
Me despido de los floresiens y reanudo mi viaje. Ya terminaron de acomodar allá atrás todo lo que compré, por lo que no puedo regresar a la misma velocidad que vine. Temo estropear la carga. La del Alcalde puede ser algo muy fino, o no. Eso no lo sé ni me interesa. Es una de las reglas de los mercaderes: si no te dicen qué transportas, no preguntes ni averigües. Lo importante de verdad es que pude comprar muchísimas cosas. Ya me siento un hombre rico… y la carta... ¿La leo o espero a encontrarme con el Alcalde y preguntarle? Qué va, hay demasiadas lunas de por medio.
Querido Sony:
Lamento no haber podido hablarte en persona y tener que usar un medio tan impersonal para contar lo que aquí leerás. Primero, quiero que sepas que no me pasó nada que no supiera que podría pasar. Desde que lograste hacerte de una estabilidad económica y te convertiste en un hombre de bien, has dejado de depender de tu viejo padre. Esto me ha llenado de orgullo. Tanto que no soy capaz de describirlo. Así que decidí dedicarme a una tarea que no pude hacer a tiempo completo mientras crecías y tenía que permanecer a tu lado: Buscar a tu madre.
Como sabes, me fuiste entregado poco después que llegaste al mundo. Lo que desconocías era que tu madre fue una joven de la zona de los choushins de la que me enamoré en uno de mis viajes. Pero no era posible para mí, un mercader de esta zona media, quedarme a vivir allí para siempre. Mi cuerpo no está adaptado a flotar. Tú, que has estado en esa zona, sabes lo que le pasa al cuerpo cuando llevas varias lunas allá… bueno, tú sabes lo que le pasa al mío, ya que el tuyo al tener sangre de tu madre en tus venas, se adapta rápido a las características de esa zona. Sé que lo has notado porque eres diferente, Sony, y eso no es nada malo, recuérdalo. Por eso te dije siempre que no te avergonzaras de tu condición de mestizo: tienes lo mejor de ambos lados.
Estuve varios ciclos comerciando entre las tres zonas y visitando a mi amada cada vez que podía. Poco a poco me iba enamorando cada vez más. Un amor imposible, pues estábamos separados por zonas, anatomías y costumbres muy diferentes y exclusivas para cada uno de nosotros. Un día, fui hasta la zona de tu madre: Sonya de Ookii ie. Al llegar, no estaba preparado para lo que vi. En el lugar donde estaba su casa, solo quedaba la marca de donde una vez estuvo asentada. Habían soltado las amarras y volado a otro lugar. Al parecer, sus padres se habían enterado de lo nuestro y tomaron medidas. Pero no me rendí, tenía que hallarla. Así pasaron muchos ciclos hasta que la encontré. Más bien, ella a mí. La vi destruida, enferma y con un bulto en los brazos: tú. Me dijo que estaba huyendo de su familia porque querían matarte. A ti, por ser un mestizo y la evidencia de mi ofensa a su casta y nombre. Así que ella huyó y estuvo esperando desde entonces, a que regresara a su ciudad. Quisieron los Dioses que pudiera encontrarme. Le dije que se fuera conmigo, pero no podía, muchas cosas se lo impedían. La mayor de ellas, la fatalidad geográfica que nos separan. Juré que volvería un día con una solución y salí de ahí contigo. Esa fue la promesa que pude cumplir ahora. Es cierto que muy tarde, pero como te he dicho, los mercaderes tienen una sola palabra, y hay que cumplirla.
Lamentablemente, para llevar a cabo mi empresa ahora, pasé mucho tiempo en la zona de los floresiens, resolviendo el equipo necesario; y luego en la de tu madre hasta dar con ella. Eso ocasionó daños irreversibles en mi cuerpo y supe que no podría regresar a decirte todo esto en persona. Algo sabías de tu pasado, porque nunca te he ocultado nada. Lo que no, fue porque tampoco preguntabas, por respeto, pienso yo. Ahora lo comparto al tener todos los datos necesarios por si quieres unírtele y conocerla. Ella te estará esperando ahora que no corren peligro. Me alegro de al fin poder hablarle y disculparme por todo.
Mandé varios mensajes a la ciudad, con los hombres que había enviado a buscarme mi amigo el Alcalde. Si lees esta carta, es que pudo contactarte. Al parecer estabas de viaje de negocios, por lo que dispuse, con la ayuda de él y de tu madre, quien me ha cuidado hasta ahora, para que mis restos fueran enviados a ti. Entre mis posesiones están los datos de ella. El viaje hasta allá será largo, pero tú puedes hacerlo. Solo tú. La familia tiene que permanecer unida, Sony.
Se feliz, hijo mío. Estoy muy orgulloso de ti.
Te quiere,
Papá.
El carro se detuvo frente a la residencia del Alcalde. Este, al salir vio que el joven conductor descendía para saludarlo y abrir la puerta del compartimiento de carga. El Alcalde subió enseguida buscando el preciado envío que esperaba desde hacía varios ciclos. Apartó cajas de piedras y minerales preciosos que habían sido comprados en un mercado de la zona de los floresiens. Varias armaduras, trajes especiales y “toneladas” de rocas con hechizos específicos para todas las zonas. En medio de toda aquella mercancía, había un espacio vacío donde supo, por la forma, que allí había estado su carga. Solo que, en vez de esta, lo que había era un papel doblado, con su nombre escrito. El Alcalde lo desdobló, y sonrió al leer:
Gran Sabio:
No puedo entregarle su encargo. Aunque me parece que siempre supo que sucedería. Le devuelvo todo lo que me dio, más un “pequeño extra” que sabrá darle buen uso.
Siento mucho todo lo que hice, pero la familia tiene que permanecer unida.
Sony.



