
Ella tenía el pelo despacio, y yo la voz grave
y en peligro de saltar hacia el inconsciente colectivo.
corría la época de olvidos
cuando era el más rápido en alargar el día,
y aún así, continuaba siendo el más lento de los colores,
tratando de comprender los misterios de Dios
y su capricho en complicar el agua.
