Los días recientes han sido intensos para todo el país. Yo sé que estoy mejor que miles de compatriotas, pero es que el miedo no razona, y a pesar de que yo racionalice las cosas, hay una parte de mi cerebro que se niega a razonar y parece que consiguió darme una noche muy mala de pesadillas esta madrugada.
Seguimos adelante, y de hecho, quedaron varias cosas que reparar en la casa, aunque no es como para que me queje, porque vi cómo se desplomó la casa del vecino, y sabiendo que nuestras casas tienen la misma antigüedad, bien pudo haber sido la mía la que se desplomara. Como sea, el hecho de que mi casa siga en pie ya es motivo de alegría.
Toca seguir adelante, respirar y aprender a vivir con el susto. Supongo que es como con las heridas, siempre puede que quede una cicatriz; en este caso es el tremendo susto de ver la casa temblar estando nosotros adentro (con los estantes cayendo, las lámparas bailando y varios vidrios rompiéndose), que dejó algo así como una "cicatriz mental", y toca trabajar en curar progresivamente eso, que no se va a borrar, pero hay que aprender a vivir con ella.

