CARMEN COLMENARES CURABA CON ENSALMES.

in HiveVenezuela21 days ago


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Oscar Carrasquel

El personaje que describimos en esta oportunidad fue una mujer con infinitud de virtudes, sencilla, bondadosa, de gran valor humano. Vivió toda su vida en el callejón cinco en la parroqui Nuestra Señora de las Mercedes dond disfrutó de sus lindos amaneceres y atardeceres, dotada por la voluntad y misericordia de Dios de facultades naturales para tratar malestares en los humanos..

Enfermedades tropicales en la población urbana y rural de mediados del siglo XX, tales como erisipelas, tortícolis, culebrillas o herpes, inflamaciones, mal de ojo en niños y descomposturas musculares, tendían a desaparecer cuando llegaban a sus manos, desde corta edad estuvo dedicada a la curación de estos males, los cuales no encontraban rápida atención en un hospital o en el consultorio médico.

La señorita Carmen Colmenares quizá fue una de las últimos seres en curar y aliviar con métodos naturales y espirituales que quedaba rezagada en La Villa. Recuerdo que una vez le tocò curarme con varias sobadas en un musculo farseado, para lo cual le bastó un rezo, una ramita de romero en la mano y una velita de sebo.



Carmen Colmenares fue una mujer de las más respetadas y queridas de la colectividad de Las Mercedes, con una existencia plena de servicio y entrega a sus semejantes, y dicho sea de paso no cobraba honorarios..

Las Mercedes en antaño fue una vecindad pequeña. Sin embargo a partir del siglo XIX que se construye su Iglesia, se convierte en una floreciente Parroquia, patrimonial hoy de la jurisdicción territorial del municipio Ezequiel Zamora del Estado Aragua.
Uno se atreve a decir que esta primigenia Parroquia del municipio Zamora, nunca ha poseído la atención y el progreso que se merece, si tomamos en cuenta que el Valle de Tucutunemo fue uno de los sectores de mayor fertilidad para la producción agrícola del municipio. No podemos olvidar que todas sus tierras ribereñas, en un tiempo eran abundantes en materia prima para la elaboración de artesanía, tejas, ladrillos y terracotas, elementos esenciales para la construcción de viviendas..

La niña Carmen nació en este sector cuando sus calles y las vías de acceso para El Cortijo eran de polvo pero transitables, Nació un 16 de abril de 1921 durante el gobierno del General J. V. Gómez. En una casa no muy grande de bahareque y palma. Casa campestre rodeada de árboles y en la entrada una arboleda y huerto-jardín con perfume de rosas y hojas aromáticas. En la hermosura a la orilla de sus campiñas vivió sus años de infancia y adolescencia, se levaantó al lado de sus amantísimos padres.
Carmen era hija de Rafael María Colmenares y Arnalda Carrasquel, una pareja de agricultores poseedores de sus propios conucos, que cultivaron en estas fértiles tierras. La prole habida de este matrimonio no fue tan corta, en total nacieron siete hermanos: Luisa, Juan Pablo, Antonio, Lorenzo, Rafael, Arístides y Carmen. Hombres y mujeres de formación hogareña preocupados por el trabajo del campo y la ciudad desde pequeños.



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Carmen fue siempre una mujer de hogar, de raíces y costumbres, pero siempre con voluntad y espíritu de servicio a favor de la comunidad.

Tratar, aliviar y ensalmar males de salud no era una fácil tarea, pero fue el destino de aquella niña que correteaba por el curso del riachuelo, buscando lugares que sirvieran para lavar los macundales y realizar sus menesteres domésticos en su limpio caudal, y a disfrutar de eventuales zambullidas en sus aguas.
Su madre adicionalmente le enseñó la práctica de la repostería y a confeccionar dulces tradicionales y por su cuenta aprendió la confección de ramos y coronas que también surgieron como expresión laboral de su profunda humildad, en busca de ayudar el sustento de la casa y compartirla con otras personas desvalidas de pan en su mesa.

Carmen no tuvo descendencia biológica, los oficios de la casa, el desempeño de prácticas medicinales heredadas de sus ancestros y el hecho de estar pendiente de la atención de sus hermanos, no le dieron tiempo para amoríos.

Fue considerada una persona amorosa y atenta con sus hijos de crianza. Por por ello que sin saborear la dicha de dar a luz, fue madre comprometida con la crianza de hijos de otras madres, con el mismo amor como si fueran fruto de sus entrañas. Era de esas mujeres que estaba donde era útil y necesaria y así se mantuvo toda su existencia, soportando situaciones y enfrentando el duro trajinar de la vida.

Para orgullo hoy el nombre de Carmen Colmenares ocupa un sitial de honor en la memoria del villacurano, Muchos fueron las personas que pasaron por la magia de sus manos y fueron parte de sus curaciones físicas y espirituales.

Recuerdo la vez la visitamos en su casa localizada en el callejón cinco de la Parroquia Las Mercedes, en la frontera con Manuare, donde transcurría su recorrido por la vida, alejada de la vida citadina, entregada a sus quehaceres cotidianos, con la ayuda de la divina Providencia y su entrañable fe y devoción por la madre de Dios en la advocación de Nuestra Señora de Las Mercedes. Si algo distinguía su personalidad era su gran sensibilidad por la humanidad y su acendrado amor por la Iglesia de Cristo. A sentir lo que era la solidaridad y lo que vale un amigo y un buen vecino. Entonces daba gusto oírla pronunciar aquella lacónica y acostumbrada frase: que aun resuena en nuestros oídos “Aquí en este barrio nací y aquí me quedo”, como en efecto ocurrió. Falleció acá el 7 de febrero de 2015 a los 94 años de edad.


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La Villa de San Luis, 14 de junio de 2017.




Foto del álbum de la familia

El texto fue creado sin IA

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