El silencio, mi querida doctora, es la cadena más pesada.
Ese "todo está bien" es una fachada costosa que usamos para ocultar una quiebra interna, y el síntoma es el cobrador que llega cuando el autoengaño ya no puede sostener la farsa.
No es debilidad detenerse, aunque a la vista de los hombres lo es; no obstante, es la única forma de recuperar la propiedad de nuestra propia vida antes de que el cuerpo grite la verdad que el ego intenta callar a toda costa.
Me encantó leerte.