Hola, mis amigos. Que placer saludarlos nuevamente.
En la intersección de calle 20 y 5ta Avenida de Miramar, en La Habana, donde la brisa del mar se cuela entre los edificios, hay una casa que es una cantera de escritores. Hablo del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, ese lugar se ha dedicado a buscar jóvenes y no tan jóvenes con talento para enseñarles el oficio de contar historias, y que lleva el nombre de nuestro cuentero mayor, el que escribió “El caballo de coral”.

Esta no es una escuela cualquiera. Es una institución del Ministerio de Cultura que echó a andar gracias al empeño de Eduardo Heras León, Ivonne Galeano y Francisco López Sacha, y que con los años se ha convertido en un referente para la narrativa cubana más actual. Por sus aulas han pasado muchos alumnos de toda la isla, desde muchachos de La Habana hasta gente de pueblos pequeños como Jobabo o Cacocum, todos con el sueño de aprender a escribir bien. Y no es solo teoría, aquí se le da un repaso a los grandes: Poe, Chejov, Faulkner, Borges, Cortázar, y hasta el Gabo, para que los estudiantes vean cómo se mueven los que saben.
Todos los años, el Centro Onelio convoca a su curso anual de técnicas narrativas. El proceso de selección es serio, tienes que mandar tres cuentos o un fragmento de novela, además de una carta explicando por qué quieres entrar. Y ojo, que aquí no se aceptan textos hechos con inteligencia artificial, esto es puro pulso humano. Para los habaneros, las clases son los sábados en la mañana. Para los de otras provincias, el curso es híbrido y luego se encuentran en un encuentro presencial de diez días. Eso sí, si no entregas los ejercicios, quedas fuera, esto es para los que le ponen corazón. Recuerdo cuando entregué mis tres cuento y tuve la suerte de que me seleccionaron.
Pero el Onelio es más que un curso. Es una fábrica de sueños. Tienen su propia editorial, Ediciones Cajachina, y publican la revista “El Cuentero”, que es donde va a parar lo mejor de la nueva narrativa nacional e internacional . También convocan al famoso Concurso Internacional de Minicuentos “El Dinosaurio”, en honor a ese cuento de Monterroso que todo el mundo conoce.
Para muchos, entre ellos yo, estar ahí es como encontrar una familia. He oído a egresados decir que el Onelio es un “refugio”, una “oportunidad” o hasta un “viaje”. Y no es para menos. Aquí no solo se forman mejores escritores, sino que se crean lazos que duran toda la vida. Tanto es el nivel que en algunos concursos, los ganadores egresados de aquí representan más del 80 por ciento. Los profesores del Onelio son espectaculares, gente buena que enseña con pasión. Allí estuve durante un año, yendo sábado tras sábado y recuerdo que solo falté a un encuentro porque el día anterior fue mi cumpleaños y amanecí con resaca. Si vives en Cuba, te gusta escribir y te pica el gusanillo de la literatura, el Onelio te espera en 5ta y 20.


Onelio: The Factory of Storytellers and Novelists
Hello, my friends. What a pleasure to greet you once again.
At the intersection of 20th Street and 5th Avenue in Miramar, Havana—where the sea breeze slips between the buildings—there stands a house that is a quarry of writers. I'm talking about the Onelio Jorge Cardoso Literary Training Center, a place dedicated to seeking out young (and not-so-young) talent to teach them the craft of storytelling, and which bears the name of our greatest storyteller, the one who wrote "The Coral Horse."

Every year, the Onelio Center puts out a call for its annual narrative techniques course. The selection process is serious: you have to send three short stories or a novel excerpt, along with a letter explaining why you want to enroll. And mind you, AI-generated texts are not accepted here—this is pure human pulse. For Havana residents, classes are on Saturday mornings. For those from other provinces, the course is hybrid, and later they gather for a ten-day in-person meeting. That said, if you don't turn in your exercises, you're out—this is for those who put their heart into it. I remember when I submitted my three stories and was lucky enough to be selected.
But Onelio is more than just a course. It's a factory of dreams. They have their own publishing house, Ediciones Cajachina, and they publish the magazine El Cuentero (The Storyteller), where the best of new national and international narrative ends up. They also organize the famous International Microfiction Contest "El Dinosaurio," in honor of that story by Monterroso that everyone knows.
For many, myself included, being there feels like finding a family. I've heard graduates say that Onelio is a "refuge," an "opportunity," or even a "journey." And it's no wonder. Here they don't just shape better writers; they forge bonds that last a lifetime. The level is so high that in some contests, graduates from here make up over 80 percent of the winners. The Onelio teachers are spectacular—good people who teach with passion. I was there for a year, going Saturday after Saturday, and I remember I only missed one session because the day before was my birthday and I woke up hungover. If you live in Cuba and love to write and the itch of literature has bitten you, Onelio awaits you at 5th and 20th.

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