1 - Cenizas
Este mundo es inmenso, siempre que lo miro mi vista se pierde en el horizonte. Me siento siempre en el mismo lugar, siempre a la misma hora y siempre junto a mi padre.
— Te he dicho mil veces que salgas, no te quedes solo mirando
— Y siempre te he dicho que no.
— Ya han pasado años, madura.
En verdad han pasado años, años desde que me paré en el borde de la cueva y salté hacia la selva que se encontraba abajo, sobrevolé las copas de los árboles hasta encontrar un claro donde pude bajar. La selva siempre ha sido salvaje, demasiado incluso para mí. Desde mi primer encuentro todo fue terrible, un tigre se me tatuó tres rayas en mi espalda, los monos me lanzaban todo aquello que les cayera en la mano y el resto de los animales me hacían todo tipo de bromas y abusos inimaginables hasta hacer que mi orgullo muriera, el supuesto ser superior tuvo que enterrarlo en un trozo de tierra lleno de animales los cuales han cambiado el cuento de juan y el lobo por John el bobo. Ya de eso han pasado cinco años, hoy me siento mejor.
Hoy voy a bajar.
Casi nada ha cambiado, las mismas bromas, la misma gente, excepto ella. Allí estaba sentada al lado de Alex el puma, bella gloriosa, única en su tipo, mi tipo.
Todavía recuerdo sentado aquí en mi cueva su mirada, la vergüenza al ver lo que me hacían o mejor dicho, lo que me dejaba hacer. Desde arriba los veo temblar ante el padre y reír ante el hijo. No lo pude aguantar más, como una roca me dejé caer, abrí mis alas y volví a sobrevolar los árboles pero esta vez sin intención de bajar, abrí la boca y desaté el infierno. Rugí, grité, escupí fuego hasta que el agua prendió, las llamas besaban el cielo con sus calientes labios, los árboles caían a cientos, desde arriba oía su crujir, pero lo que más placer me daba era escuchar como se convertían las risas en llantos y los llantos en gritos, en verdad todos son iguales, todos se queman iguales. Todo se redujo a cenizas, desde mi cueva todo ha cambiado, ya todo es mejor.
— Escúchenme aquellos que aún respiran, desde hoy miércoles, seré tratado como rey.
O se convierten a mí y tendrán vida.
O en mi encontrarán su fin.
2 - Anima
Ha pasado el tiempo y no he dejado de buscarla, no puede haber muerto, los dragones no arden. Es verdad que no he bajado más, me contento con mirar desde mi cueva, desde aquí veo todo mi nuevo reino, ya casi no hay ceniza, a duras penas se ven zonas de ese color entre las copas de los árboles. A cada rato sobrevuelo la selva, solamente mi sombra hace correr a todo ser por debajo de mí, en ocasiones el viento hace parecer que hasta los árboles me temen. Un reino nuevo, un mundo nuevo, creado a mi gusto, soy el que da y otorga vida, soy juez y verdugo, soy incompleto.
Todo lo hice por ella, tan bella, de escamas verde malaquita y ojos del mismo color, la última vez que la vi, no, no era yo, la última vez que John el bobo la vio solo había vergüenza en su mirada, ese día nací. Día tras día la busco, el único que sabía algo de ella era aquel Alex, primero decía que no sabía quién era ella pero bastante habló colgando de una pata mordiendo las nubes, decía que había muerto en el incendio, eso no es cierto, los dragones se quemarán cuando los pumas vuelen, Alex no pudo.
Estoy llegando a mi montaña y veo que en la puerta de mi cueva hay alguien, es ella, no puede ser. Ahí estaba ella, las cicatrices en su pecho y el ancho de su lomo me dicen lo mal que lo ha pasado. No me dice que le ha pasado, no ha querido hablar del tema y sinceramente no me interesa mucho, lo único que importa es que está aquí, conmigo.
3 - El relato
Pasan los días y ella sigue sin hablar prácticamente, lo necesario para pedir agua o dar las gracias, aún se despierta por las noches, rugiendo, ya he tenido que cambiar las pieles de las paredes por las quemaduras. Llego de hacer una ronda y la encuentro exaltada, pienso al verla que hay o hubo algún peligro, porque la mezcla de olores es bastante fuerte, es raro que alguno se aventure tan arriba a no ser que haya sido convocado por mí. Anima se me acerca con la mirada baja y antes de que pudiera hablar me habla:
— El día después del miércoles de ceniza — comenzó su relato de esa manera — una manada de tigres me acorrala, trato de huir pero los monos no me dejan abrir las alas, no puedo levantar vuelo, no puedo huir y de repente no recuerdo nada más. Lo siguiente que veo es una cascada como única puerta y ventana, una puerta del triple de mi tamaño de mi ancho, una puerta imposible de atravesar, me alimentaba cazando los peces que caían y que podía atrapara esa velocidad, eso claro, durante el verano, durante el invierno se transformaba en el cristal más frío que puedes imaginar, tan frío que se congelaba más rápido que lo que lo podía derretir. Una vez a la semana aproximadamente me despertaba toda amordazada y comenzaba el show. Nunca supe como habían entrado, pero ahí estaban preguntando porqué habíamos hecho eso, que me habías dicho, me preguntaban sobre el tiempo que estábamos juntos y toda clase de locuras que no te puedes imaginar. Cada pregunta iba acompañada de su respectiva violencia, los tigres eran fanáticos de levantarme o cortarme las escamas una a una, a los monos les encantaban las herramientas, las mofetas, erizos, tortugas y cuanto animal existe en esta selva pasó por mi celda en la cascada, así pasaron semanas, meses, años. Hasta este invierno, calculé una fecha en que el hielo debía ser más delgado y escapé. Ya sabes donde he estado, porqué estoy así como me ves y el porqué no me gusta hablar del tema.
La cueva
La sangre me hierve en las venas, salgo corriendo y salto hacia lo más profundo de la selva nueva, invoco a gritos a una reunión en el linde de la selva nueva con la vieja, sobrevuelo como un rayo todo mi reino escupiendo lava de vez en cuando para que todo el mundo sienta mi furia. Todos llegan al sitio acordado pero no veo a ninguno de los clanes que me interesan y nadie sabe o nadie quiere saber, la sangre corre a ríos y solo deja de hacerlo cuando siento que Anima me llama. Me cuenta sobre la ubicación de la cueva, sobre cómo llegar a ella.
Llevo tres días apostado frente de la cueva escondido para que nadie me vea, alimentando mi ira con tragos de saliva ardiente, la cueva no tiene otra forma visible de entrada que no sea a través de la cascada. Nadie había pasado ni siquiera cerca de aquí hasta ahora, ahí está Megan, esas manchas suyas son inconfundibles, la veo pasar por el pie de la cascada pero no la veo más luego de pasar por detrás de una rama que me corta la vista. Espero y la veo unas horas después, pero esta vez no estaba sola, andaba con otro animal bastante raro y que nunca había visto antes, nunca había visto en dos patas a otros que no sean los simios, este o esta (pienso que sea hembra por las mamas) tiene un pelaje raro, largo y de un color amarillo y solo en la cabeza como los caballos, de piel blanca, ¿Qué será? Pero eso no es lo importante, lo que tengo que hacer es descubrir como entro a la cueva. Me dejo caer al pie de la cascada y observo bien por si hay alguien o huellas de alguien, encuentro el rastro de Megan y termina en una roca bastante grande, pero más grande es mi sorpresa al ver que no pesa nada, fácilmente se movió ante mi fuerza. Entro a un pasillo tallado en la roca bastante ancho para ellos pero no tanto para mí, subo y subo a todo lo largo del pasillo hasta llegar a la sala de la cascada, al parecer el final de la cueva, entro y de repente un golpe en la cabeza, un olor fortísimo y nada más.
Despierto y me encuentro despierto pero totalmente atado, grito exigiendo que me soltaran o que me dieran la cara, siento el ruido de la roca moviéndose tras de mí, la veo. Anima se para enfrente de mí, de espalda a la cascada.
— ¿Recuerdas el miércoles de cenizas? — preguntó.
— Apúrate Ani, y záfame, no llego a las ligaduras, y no se queman, créeme, lo he intentado — le dije pero preguntándome como había llegado a mí.
— ¡Responde! Me gritó
— Claro que lo recuerdo, fue el día que te conocí.
— ¿Porqué lo hiciste?
— Por ti, por mí, por nosotros, por aquellos que se rieron.
— Yo estaba ahí, no me reí.
— Yo lo sé, te vi.
— Y sin embargo convertiste todo en cenizas, estando yo allí y no estaba sola.
— Nunca me preocupaste, tú eres como yo, los dragones no arden.
Siento pasos detrás de mí, el ser extraño que antes andaba con Megan se para al lado de Anima, ella baja la cabeza y se la deja acariciar por este diminuto ser.
— Es verdad que los dragones no arden — habló la criatura —, pero el resto de nosotros sí, ¿nunca has pensado en los demás?
— Seres inferiores, ustedes están solo para servirnos y obedecernos — grito con todo el desprecio que me da y me dirijo entonces a Anima —. Desátame Anima, salgamos de aquí, te lo ordeno.
La criatura coge entonces en la mano una rara herramienta que destella la luz se acerca a mí y siento frío correr por dentro de mí. Las luces de la cascada comienzan a menguar, Anima, Anima, Anima.
4 - La criatura
— ¿Ves linda? — me dijo luego de limpiar su arma de la sangre de John.
— Sí — respondí asintiendo con la cabeza— maestro.
— No es el tamaño ni la fuerza lo que define al ser superior — me dijo tocándome el rostro con cariño —. Es la inteligencia del que sobreviva al final, ahora vamos y llévame a mi nueva casa en la montaña.
Salí volando con ella montada sobre mi lomo, recordando sus últimas palabras a John mientras le abría la barriga:
— Es verdad, los dragones no arden, pero sangran.

