Mr X (cuento corto)

in Literatos15 days ago

Como artista, X era un genio; uno de esos que se dice que nace uno cada cien años. Las comparaciones en las revistas y críticas siempre elevaban por los cielos su nivel de destreza con el cincel. Lo nombraban el próximo François Rude, Auguste Rodin, Jules Dalou o incluso la reencarnación de Miguel Ángel. Sus esculturas eran solicitadas para adornar los salones, jardines y cuanto espacio hubiera libre en su país y otras partes del mundo. Su gran éxito era atribuido a las largas jornadas encerrado en su casa-estudio, a la práctica que da el oficio. Más toda la magia de sus piezas se empañaba cuando lo hacían comparecer ante las cámaras u otro medio de prensa o interacción personal. Uno de los titulares que más había sonado aquella semana fue cuando una periodista, muy impresionada por el nivel de detalle y realismo de su obra, le preguntó si él tenía idea de la maestría de su obra y lo que ella significaba para su ciudad; aquello fue mucho para su ego y su modestia, a lo que le respondió fría y secamente que claro que sí lo sabía, cómo no iba a conocer su talento: él no era estúpido. Con aquello concluyó la entrevista. En fin, en lo personal estaba más cerca de ser el próximo Robert Crumb de la escultura que cualquier otro ser en el mundo.
No obstante, toda celebridad tiene sus detractores, a los que nunca les hizo otro caso que el necesario para realizar mejor su trabajo; decía que ellos eran el motor que lo hacía trabajar los días de mayor ocio, que la grandeza de su obra callaba los gritos desesperados de los que hablaban mal de él. Al menos eso decía en público.
Pero, como son las cosas de la vida, un día apareció un desconocido y dijo que ya X había hecho su canto de cisne. No iba en su vida a hacer algo mejor ni nuevo, de lo que ya había hecho, aquello se veía en sus últimos trabajos. Para quien no le hace mucho caso a las críticas y comentarios, aquél estaba fuera de los límites de lo tolerable y soportable. ¿Cómo iban a decir algo así de él? Lo peor es que los comentarios debajo del artículo concordaban con él.
Decidió investigar para poder superarse. Pasaron días sin noticias de él. Aquello era lo más extraño. Desde el exterior de su casa no se sintió ni un sonido, ni siquiera el común sonido del cincel contra la roca u otro material. Ni siquiera un comentario característico suyo al artículo. Así pasó más de una semana hasta que el silencio fue roto en una conferencia de prensa. “Tras una ardua investigación, estoy listo para hacerlo. Voy a realizar aquello que nadie ha logrado en vida; eso que trasciende lo humano y se coloca en el plano divino: voy a crear vida”. Aquellas fueron sus palabras, y al momento se volvió viral. Todos hablaban de que iba a ser padre, o que quería serlo. Buscaron quien iba a ser la escogida para tan dura faena; no era algo imposible, hasta Crumb tuvo parejas, pero no dejaba de ser improbable; ya que la única conocida por todos, terminó ingresada en un hospital mental. Nadie era lo suficientemente fuerte de mente como para soportarlo.
Más él se centró en su trabajo. Puso en su equipo de audio una selección de música celta, clásica, entre otras por el estilo, que había descargado y tenía gran importancia en el resultado final de la obra. Importó casi 10 toneladas de mármol blanco desde Italia. Cada trozo de mármol fue transformado poco a poco en órganos, tejido y cuanto detalle tuviera la anatomía humana.
Al cabo de un mes de trabajo, su casa se había transformado en la mayor instalación personal de artista vivo. Algo insólito para todos fue que hecho que su casa se prestara para la exposición y de entrada libre. Más mayor fue la extrañeza al ver lo peculiar de las piezas. Todas tenían extraños orificios en los oídos y en la boca, de varias formas y tamaños. Inicialmente ese detalle desavió la atención del hecho que las estatuas eran muy similares a las otras antes realizadas. Más X se veía feliz con su trabajo. Todos esperaban algo especial, pero nadie se atrevió a decirlo, hasta que llegó el autor del controvertido artículo y lo dijo. X, con su mejor sonrisa le respondió.
—Es que están vivas, señor. Puede hablar con ellas si lo desea.
Ante el ademán de su mano, cada visitante se acercó a las estatuas, pero nadie se atrevió a hablarle a alguna; eso era de loco, y para loco ya era suficiente con el anfitrión, se decían entre ellos. Más para los niños no existe eso de locura y uno le preguntó a una por qué tenían todas esas caras tan tristes.
—¿No es obvio? —fue la respuesta— Quédate a cenar hoy para que lo averigües.
El asombro general fue el deleite de X. Aquellas figuras del más fino mármol italiano, podían escuchar y responder.
—Más no solo eso —explicó su creador—, cada una fue creada especialmente para mi deleite personal. Tengo personalidades de todo tipo. Allá, esa bailarina que ven, no es otra que Cleopatra. Demoré en conseguir el tema adecuado, pero lo hice. Aquel con el rastrillo, es Steve Jobs, que me dijo que juntos podíamos reconquistar el mundo de la informática. Con él no hablo mucho, no entiende que lo mío es esto —dijo señalando a sus piezas—; sencillamente, ser el mejor.
No hubo respuesta; solo un silencio incómodo que terminó al cerrar la exposición por la noche.
“Oh, Dios, ¿por qué se fueron?” Se preguntaban todas las que estaban sentadas alrededor de la mesa del comedor. Ya era la hora de cenar. En la cocina, X no dejaba de hablarle a la estatua de Auguste Escoffier, al que a cada rato le decía lo bueno que es tener a alguien que lo escuche y con quien hacer las cosas de la casa. Se sentó a comer y estuvo hablándole sin parar a Brian Jones, sobre cómo lo había hecho y la fiesta a la que iría esa noche y las siguientes. Hendrix, Kobain y Morrison, decían que era preferible escuchar reggaetón a otra cena más con él. Desde el cuarto Janis gritó que ella y Amy pensaban igual. Más en la pétrea mente de todos, existía el consuelo de la reapertura de la expo al día siguiente, y con eso vendría el silencio y la tranquilidad nuevamente.
Así fue. Varias agencias de las más importantes del mundo cultural y de prensa entraron por la puerta de su casa al día siguiente. Todos interesados en las posiciones de las piezas y el porqué de las personificaciones de estas. Más era sencillo “qué pregunta más tonta” les dijo “esas son el tipo de personas con las que él se siente bien, son sus iguales o ideales de niños; los únicos de comprender lo que es ser un genio” Nuevamente, aquello estaba destinado a ser titular en todos los medios de prensa, solo derrocado por su declaración de no abrir nuevamente al público. De ahí en adelante solo estaría con los suyos. Amy y Janis lloraron a pesar de no tener orificios en sus ojos; así de fuerte era su dolor por no poder moverse e irse a otro lado. Todas lo habían intentado, más sus cuerpos de mármol era sólido.
Aquel día lo dedicó a beber junto a aquellos con que los comparaban. Cuando más bebido estaba decidió que ya que era Dios iba a bautizarlos a todos ellos. Abrió varias botellas de vino y las vertió en sus cabezas mientras recitaba un rezo incoherente sobre vida y libertad, que terminó con una invitación que decía “vayan y sean felices, hijos míos”.
Los del comedor se sentía como si fueran parte de la última cena, solo que no tenían la posibilidad de salir de aquel cuadro. ¿O sí? Los rezos de libertad que él hablaba tenían sentido para todos ellos. No había necesidad de hablarse para que todos se pusieran de acuerdo esa noche de renacimiento. Desde el cuarto, Jani y Amy volvieron a gritar que ellas también pensaban lo mismo. Sabían que una vez terminado el bautizo, todos los seguirían.
Esa mañana fue inolvidable para X. No recordaba nada de la noche anterior. Despertó en el patio cuando el sol le dio en el rostro. En su mano encontró una botella vacía, en la otra un riñón de mármol. Se levantó de un salto y miró a su alrededor.
Desde allí donde construido cada una de sus obras maestras, aquellos homenajes a la genialidad; comenzaba un rastro de trozos de mármol transformados en órganos, polvo, dedos, miembros, trozos de ropa y otras partes. Cada huella comenzaba en el pedestal donde fueron fijadas las obras, y desde donde, en un desesperado intento, pedazo a pedazo, ansiaron alcanzar la puerta de salida.

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